Caminante, no hay camino, párate y ponte a pensar.

Últimamente vivo soñando, inmerso en un mundo ficticio, tratando de escapar de la realidad que me persigue. Camino sin rumbo fijo, sin destino conocido. Dando un paso tras otro por miedo a parar, y morir de frío.

No se puede a ir a un lugar de cuya existencia dudas, hace falta un mínimo de esperanza, una teoría mínimamente válida, Colombina, para arremeter contra los miedos y las desconfianzas en pos de arribar a la tierra prometida.

Por el contrario, dejarse llevar por los vientos conlleva agonizar en medio de la nada, hundido tras alguna tempestad o, en el mejor de los casos, atisbar un puerto anónimo en el que refugiarse antes de aventurarse de nuevo al océano infinito del desconcierto.

Lo difícil no es llegar donde quieres, sino tener la certeza de lo que realmente buscas. Ten cuidado con lo que persigues, porque puedes llegar a alcanzarlo, y los sueños sólo son sueños mientras no se hacen realidad. Luego viene el vacío.

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