… bien acaba.

Esta entrada es continuación de Lo que mal empieza…

No sin dificultades accedí finalmente a Manila City, soltando la mochila en el primer albergue que encontré. Allí, esperando a que quedase alguna cama vacía, conocí a unos catalanes muy apañados. Juntos retamos las aguas que tenían sumergida Manila, con la mente fija en regar nuestros gaznates con una fría San Miguel de Filipinas. 

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Las calles eran ríos, en Manila

Las calles suponían ríos impracticables por sobre los cuales los coches circulaban a toda velocidad, levantando cortinas de agua que amenazaban con empapar a todo peatón que se atreviera a acercarse. A todo ello nos sobrepusimos con la mente fija en esas San Miguel. Objetivo cumplido, paseamos por el característico casco antiguo de la ciudad otrora española.

El día que tan poco prometía fue salvado de manera extraordinaria, incluida la noche, en la que acudimos a un pub atiborrado de locales donde nos tomamos otras cervezas y yo, sin pretenderlo, me arranqué a interpretar Knockin’ on Heaven’s door con el músico a la guitarra que allí entretenía al gentío. Llámenme exhibicionista, culpen al deseo de emoción y ansia de escenario, promovidos por los retazos de una efímera fama vivida durante mis actuaciones ante el público chino.

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Catedral Basílica Metropolitana de la Inmaculada Concepción, Manila

No obstante, al siguiente amanecer las cosas empeoraron a toda velocidad con más problemática viajera. En teoría, según la nueva normativa de visados china, no se puede solicitar visado chino en Filipinas salvo que residas allí. El día anterior le lloré a Ms. Casey para que aún así pasase a trámite mi visado, y debí llorar bien, pues accedió a ello como una excepción a la norma. Pero no te prometo nada, vuelve mañana, me dijo.

A las 6:30 me dirigí a la Embajada China, con mi fe puesta en que ningún contratiempo o excusa surgiese interponiéndose en mi camino hacia la Ruta de la Seda. Si no conseguía el visado chino, tendría que cancelar todo el proyecto de viaje. Nada más abrir la Embajada, Ms. Casey negó con la cabeza. El motivo: no entregar los billetes de ida y vuelta a China. De comunicármelo el día antes, se los hubiera llevado ipso facto. Lo peor, es que en la web de la Embajada aseveran que mostrando carta de invitación -que yo tenía- no era necesario mostrar reserva de billetes. Era de esperar que no funcionase el intento, pero que fuese por esa excusa tan mala me tocó mucho la moral.

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Calle Muralla, en el casco antiguo de Manila

Deshice de vuelta mis pasos hasta el hostal, cabizbajo, con un par de horas por delante para investigar mi última opción: cómo conseguir el visado chino en Seoul, a donde me dirigiría en unas 5 horas. En estas, escrutando páginas web sobre requisitos de visado, me encuentro improvisadamente con los referentes a Corea del Sur, para la que como europeo no existía problemática alguna. O eso di por hecho yo.

Miré por mirar, y se me salieron los ojos de las órbitas cuando descubrí que para poder entrar en Corea del Sur era necesario disponer del billete de salida de dicho país, que yo aún no poseía. Como un poseso indagué en internet en busca de un billete con origen en Seoul y destino en cualquier otro país, el que fuera, gastándome el dinero aunque fuese para no usarlo jamás. Justo en ese momento se corta la conexión a internet en el hostal.

Eran las 11:00, a las 15:20 salía mi vuelo, teniendo en cuenta el tráfico espantoso de Manila, lo lógico hubiera sido tomar un taxi a las 12:30 con idea de estar a eso de las 13:30 en el aeropuerto. Apurando, tenía dos horas para hacer algo, lo que fuera.

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Diluvia en Manila, por el tragaluz de un patio aparentemente andaluz

A las 11:30, cuando regresa internet, me dispuse a adquirir un billete a China, el destino más barato que había para volar al extranjero desde Corea; costaba 85 euros. Pero sigo informándome y advierto que, además de billete de salida de Corea, también necesito disponer del visado del país de destino. Como ya sabéis, esa misma mañana me habían jodido sin el visado chino. Opto por volar a Mongolia.

Comienzo el proceso de pago. La web dice que no puedo utilizar el Mozilla, ha de ser Explorer, y recomenzar todo el proceso. El dueño del hostal me deja su ordenador personal, utilizo el Explorer, y cuando llega la página donde se introduce la tarjeta de crédito, la misma se queda en negro. Finalmente, tras mucho investigar cambiando opciones de seguridad del explorador y pop ups, aparece el lugar para introducir los datos de compra. Eso hago, pero para terminar de alegrarme el día mi banco me manda un sms a mi número de teléfono español con una clave para confirmar la operación. Pero mi tarjeta SIM está en España, jamás lo recibiré. No podía usar mi tarjeta de crédito.

Son ya algo más de las 12 cuando empiezo a considerar la posibilidad de rendirme, perder el billete a Corea del Sur, el tour que he reservado para visitar la frontera con Corea del Norte, y cambiar mis planes de viaje por completo. Viajar un poco por Filipinas y regresar el Lunes a la Embajada China de Manila una vez más, esta vez con billetes, a intentar conseguir mi visado. Se lo comento al encargado del hostal y me confirma que el Lunes es fiesta nacional. Pareciera que cualquier idea estuviera condenada a fracasar.

A posteriori me informa de la existencia de una agencia de viajes a pocos metros del hostal. Allá voy en busca de salvación, y cuando entro, cosas de la vida, la trabajadora tras el mostrador era una filipina que había conocido el día anterior. La única que conocí en Manila.

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Edificio entre Calle Cabildo y Calle Real

Me afirma que es factible una reserva ficticia de billete de avión, desde Corea del Sur a, por ejemplo, Filipinas, pues para este país no necesito visado alguno, cumpliendo así los requisitos para entrar en Corea del Sur. El precio son solo 9 euros, así que acepto sin dudarlo. Pienso con disgusto que también podía haber hecho esto mismo el día anterior para conseguir mi visado chino. Procede inmediatamente la chica a adjudicarme el billete pirata, mas al hacer ademán de reservar, recibe un mensaje del sistema de reservas, llamado Ábaco, avisando de que está fuera de servicio en ese momento.

Solo ese día, como cosa excepcional. Quizá consecuencias del tifón y las inundaciones, quizá el destino. Llama a otras cuantas agencias de viajes pero todas tienen el mismo problema. Dándome por vencido, le pido que me mire billetes para huir de Manila a cualquier otra parte de Filipinas, pues quería ya salir de aquel lugar a cualquier precio.

Busco algo para comer, retorno al hostal, siendo ya las 13:25, faltaban menos de dos horas para que mi vuelo internacional a Incheon, Corea del Sur, despegara. Entonces recibo un mensaje de la chica de la agencia viajes. Me acaba de conseguir la reserva de billete ficticio desde Corea del Sur a Filipinas. Pego un salto y corro hacia la agencia a toda prisa para, al llegar, darme cuenta de que después del almuerzo no me queda suficiente dinero para pagar.

Salgo una vez más de la agencia, y ya van como diez veces que entro y salgo de la misma, en pos de cambiar dólares por más pesos filipinos, que consigo. Pago por mi reserva de avión pirata, impresa en un simple trozo de celulosa, y salgo corriendo de la agencia. Inmediatamente detengo un taxi a gritos, lo dejo parado en mitad de la carretera y le ruego que se espere ahí mismo pues en seguida vuelvo. No sé si me ha entendido, pero no tengo tiempo de comprobarlo.

Regreso al hostal y agarro la mochila saltando por encima de otro cúmulo inmenso de equipajes, que piso sin miramientos, al tiempo que aparto a empujones a un cúmulo de gente que piensan estar viendo a Flashman en acción. Me despido del encargado del hostal sin sucesión de continuidad, corriendo sin detenerme y dándole las gracias sin tiempo siquiera para explicarle lo que acababa de ocurrir.

Me subí al taxi a las 13:35. El tráfico era mortal. Así que urgí al taxista a correr como un poseso, pues ya sentía cómo perdía el avión. Me hizo caso. Llegué al aeropuerto a las 14:15 y ahora mismo me encuentro en la puerta de embarque esperando a subir al avión.

Por una parte, voy a continuar el plan previsto hasta Corea del Sur, aunque sin visado chino y sin saber cómo voy a conseguirlo. Por otro lado, me marcho con muy mal sabor de boca de Filipinas, pensando que en el futuro tendré que regresar para visitar mucho más, al tiempo que para llevarme otras sensaciones más positivas del país. Pienso que quizá debía haberme quedado más tiempo en Filipinas, dejar ir Corea del Sur, pero me relajo al pensar que sigo en manos de la carretera, que se encarga de proveer por mí.

23 de Agosto de 2013

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