El templo “Mati Si”

Pasamos la noche como pudimos en una vieja habitación de la aldea rodeada de blancas cumbres. Las ventanas de la China profunda no aíslan, si acaso cierran, y la puerta de contrachapado apenas sí cumplía sus funciones como para encima pedirle que mantuviese el calor interior. Sin calefacción, por supuesto, pasamos la noche dentro de los sacos de dormir, tras haber estado dos días antes en manga corta en Xian.

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Saliendo de la aldea por la mañana temprano, bonitas nubes

No mucho más tarde del amanecer abandonamos la cama para descubrir que hacía más frío dentro de la habitación que bajo el intenso cielo azul, atravesado por los rayos soleados que siempre atacan con mayor energía las alturas montañosas. Pasó el autobús que teníamos que coger, pero no nos vio y continuó sin pararse, obligándonos a andar varios kilómetros montaña abajo y hacer auto-stop.

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Uno de los monjes que conocimos en un templo aquel día

Era un buen día para caminar. Nos cruzamos con una señora que barría la carretera. Sí, tal era su profesión, atender la amada calzada. Escoba en mano se movía de un lado para otro quitando toda piedrecita, paja o hierbajo del medio, cubierta su cabeza con un pañuelo rosa de algodón que le daba un toque divertido a aquella entrañable anciana. Me paré a hablar con ella, ventajas de hablar chino, mas ella apenas chapurreaba el mandarín. Fue la irrefutable confirmación de que ya estaba donde quería estar; donde las personas mayores aún no hablan mandarín, allí estaba la China de verdad.

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¡qué abuelita tan simpática!

Continuamos carretera abajo, cruzándonos con algunos interesantes habitantes de la zona, acompañados por el riachuelo que bajaba desde más allá donde los hielos se fundía con el primer calor de la mañana, rodeados de verdes árboles y flanqueados de cuando en cuando por algún escarpado montículo salpicado de cuevas convertidas en santuario. O viceversa.

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Bonito templo en mitad de la pared

Finalmente alcanzamos un recinto con templos situado a pie de carretera. Era aún demasiado temprano para los turistas y el lugar parecía desierto, hasta que fuimos recibidos por una alegre señora mayor y su hija, que se encargaban de conservar el lugar. Un par de monjes hicieron acto de aparición poco después, y se mostraron tan encantados de poder conversar con un extranjero que incluso posaron con determinación e interés en sacar su mejor cara. En realidad creían que les podría imprimir las fotos y regalárselas, como hacía mi amigo Bruno con su Polaroid. Se llevaron un desencanto.

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En postura de meditación, aunque yo creo que estaba buscando la foto

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A las 9:30 de rigor llegaron los dos primeros grupos de turistas chinos en sus autobuses. Hora de marcharse. Conseguimos hacer auto-stop hasta una carretera principal donde, cinco minutos después, paró un autobús que se dirigía de vuelta a Zhangye. Bendita carretera, ya estábamos juntos otra vez.

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Los templos encaramados en la pared
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Algunos fieles quemabana incienso como ofrenda
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caracteres chinos en la pared de un templo
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un monje vigilaba un templo, dormido
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Igualito que Jesús y los apóstoles, este Buda y sus discípulos

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