Cambio de ruta

“En una decisión de último momento arranqué mi pasaporte de las manos de la empleada de la Embajada, una mujer kazaja con pintas de prepotente modelo rusa venida a menos, interrumpiéndola en el proceso de introducir mis datos en el ordenador.”

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La ciudad de Urumqi

Al llegar a Urumqi, tras esas 16 horas de bus que os conté, me dirigí directamente a la Embajada de Kazajistán, próximo país en la lista. Llegué media hora antes de que cerrasen, y me empujaron a que tramitara el visado a toda prisa, antes de responder siquiera a todas mis dudas. Tomaron el pasaporte de mis manos y empezaron a meter datos en el ordenador mientras yo aún intentaba enterarme de lo que estaba pasando.

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Mujer uigur preparando “jiaozi” en un mercado de Urumqi

La opción de tramitación urgente -para el día siguiente- no existía, pero era la que yo necesitaba. Dos días después me subiría a un tren hacia Kashgar, 1.400 kilómetros al Sur de allí, aún China, y quería llevar el pasaporte conmigo. La única posibilidad que me brindaban era dejar mi pasaporte allí una semana entera y volver a recogerlo después. Irme a Kashgar sin mi pasaporte era algo que no me agradaba, y los dos guardias de seguridad de la Embajada me dijeron que si lo hacía podía enfrentar problemas.

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Hombre uigur preparando “samsas” en un mercado de Urumqi

Normalmente, con un resguardo demostrando que tu pasaporte está bajo tramitación de visado, puedes ir sin ninguna pega a cualquier parte del país en que estés, pero tratándose de China y siendo la región de Kashgar una zona delicada era posible un problema policial ulterior. Las mujeres kazajas –con pinta de rusas- que trabajaban en la Embajada me miraban por encima del hombro, con indiferencia y menosprecio, y no contestaban ninguna de mis dudas pese a que hablaban inglés. Los guardas de seguridad eran amables y lo intentaban, pero en realidad tampoco tenían mucho conocimiento de los hechos.

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Hombre musulmán cuyo trabajo era pelar cebollas

En una decisión de último momento arranqué mi pasaporte de las manos de la empleada de la Embajada, una mujer kazaja con pintas de prepotente modelo rusa venida a menos, interrumpiéndola en el proceso de introducir mis datos en el ordenador. Le dije que visto lo visto, si no disponía de una tramitación urgente entonces no quería tramitarlo. Estupefacta, ella me dijo que pagase 20 yuanes, unos tres euros, porque ya había empezado a teclear mis datos, la muy raposa. De ninguna manera te voy a pagar eso, me dije, dándome media vuelta y saliendo a toda prisa. Antes de que la mujer pudiera explicarle al guarda de seguridad lo que había pasado, yo ya estaba en la calle con mi mochila colgada y Bruno siguiéndome, sin mirar atrás.

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Bonito puesto de hortalizas, en Urumqi

En cualquier caso, la decisión tomada me ha hecho repensar una nueva ruta que quizá sea incluso más interesante que la original. Entraré en Kirguizistán directamente desde Kashgar, a través del vistoso Paso Irkeshtam, puesto que para este país de Asia Central no se necesita visado. Me ahorraré las 26 horas de tren de regresar a Urumqi y las 36 horas de tren desde Urumqi hasta Almati, destino previsto en Kazajistán.

Con un poco de suerte pueda visitar Almati desde Bishkek, capital de Kirguistán, pues están a unas pocas horas de distancia. Además, Bruno ha decidido unirse a este nuevo plan por otro par de semanas. La carretera se encarga de todo una vez más. ¡Sí, sí, sí, allá vamos!

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