Lecciones de viaje

Viajar enriquece y te eleva cualitativamente como persona. En mi caso, por mi modo natural de ser, soy propenso a defenderme con vehemencia cuando alguien trata de sacar partido del débil, el turista en país lejano en mi situación actual, y a desconfiar con facilidad del carácter egoísta que nos domina a muchos seres humanos. Estando de viaje se une la problemática de las barreras idiomáticas -sobre todo cuando estás agotado mentalmente- y culturales, que en ocasiones imposibilitan discernir quién está intentando engañarte y quién ayudarte.

Algo que he aprendido y puesto en práctica progresivamente, es que por mucho que te hayan jodido en ocasiones anteriores, hay que seguir siendo amable con cada nueva persona que aparece durante el viaje, dándole el beneficio de la duda, manteniendo la simpatía, la amabilidad y la buena fe ante quien, pasadas unas horas, puedes considerar una persona bendita milagrosamente advenida para salvarte.

Por ejemplo, los taxistas en muchas ocasiones, no sé si decir generalmente, intentan cobrar siempre de más al extranjero. Por un lado es obvio que esta actitud no es loable, pero por otro hay que sopesar las dificultades económicas a las que esa persona se puede estar viendo sometida, mientras que el extranjero viajante siempre está en una situación más desahogada. O al menos está de ocio, lo cual significa que muy mal no le debe ir.

Después, los hay que no intentan engañarte y por el contrario hacen todo lo posible para ayudarte desinteresadamente. Los hay que te sacan los cuartos a traición y los hay que tras conversar por el camino terminan por no cobrarte nada, como me pasó tras un trayecto de 300 km. en Turkmenistán. Los hay que emplean las artimañas más rastreras para sacarte algunos dólares más de los pactados, como “perderse” o sumarte extras sacados de la manga, pero también los hay que tras cerrar un precio te hacen mil favores más con total generosidad y gratuidad.

Alguna gente que se te acerca por la calle, en ocasiones con pintas poco recomendables o actitudes que invitan a la desconfianza, resultan ser personas de gran corazón que verdaderamente solo pretenden ayudar, y que terminan despidiéndose de ti entre abrazos tras haberte acompañado durante horas para encontrar lo que buscabas, incluso abonando el coste del taxi o autobús que haya sido necesario tomar, como me pasó en Ashgabat o Mashhad. Otra gente solo pretende llevarte al restaurante o el hotel del amigo para sacarse unas perras de más, pero al igual que con los taxistas, hay que entender que probablemente su situación es mucho más desesperada de lo que uno pueda imaginar. También están los villanos que tratan de engañarte con el timo de la estampita, anécdota que comentaré más adelante, acaecida en Irán.

Pese a todo, en estos países que he cruzado la delincuencia es prácticamente inexsistente. Ningún altercado digno de mención he sufrido ni ha sido puesto en mi conocimiento por otros. Al tiempo, otros turistas que han viajado a España, por ejemplo, me comentaban cómo le habían robado la cartera en Barcelona o lo inseguros que se sentían viajando por ciertas ciudades de España, sobre todo de noche o en lugares de fiesta y alcohol. También en otros países, principalmente Sudamérica.

En definitiva, estoy experimentando en mis propias carnes la difícil tarea de no prejudgar a la gente en estos países ya de entrada, pues incluso el que te está intentando engañar puede ser una buena persona que finalmente terminará ayudándote como el que más, sin haber llegado a sacarte ni un solo dólar. Diariamente me encomiendo a hacer todos los esfuerzos posibles por mantener la calma y tratar a la gente lo mejor posible, guardando las razonables medidas de seguridad y alerta pero sin menoscabar la honradez del que se acerca. De otro modo podría remorderme la conciencia por tratar con desconfianza o prepotencia a quien solo intenta ayudar con toda su buena voluntad, como de hecho ya me ha ocurrido en varias ocasiones, arrepintiéndome después.

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2 pensamientos en “Lecciones de viaje”

  1. Esas cosas no pasan en China. Allí nunca jamás le ha intentado nadie sacar un yuan de más al “laowai” viajero, 😛

    En lo que llevas toda la razón es en lo de que como en Asia, sea central, del este o de cualquier otro punto cardinal, no se viaja (de seguro) en ninguna parte.

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