Colarse con respeto

A veces los mejores momentos esperan tras acciones de dudosa legalidad, y yo lo veo bien siempre y cuando se haga de forma civilizada y no haga daño a nadie.

20131203-105405.jpg
Vista de los tejados de Yazd, Irán

Paseaba errante entre las callejuelas de adobe de Yazd, Irán, perdido pese al mapa, aunque contento al mismo tiempo de no lograr encontrarme. Arcos cruzaban de unas casas a otras por sobre las calles, creando fuertes contrastes de sombras a lo largo de las paredes de barro y ladrillo, necesarios para protegerse del abrasador sol del desierto. Mientras, los cielos se veían salpicados de esbeltos “badgirs”, una suerte de chimeneas que en vez de calentar, enfrían el interior de los hogares cogiendo el aire en elevación y trasladándolo a su interior. Aire acondicionado milenario.

20131203-105525.jpg
Jameh Mosque, Yazd

En una calle indeterminada, a mi izquierda, una puerta entreabierta permitía atisbar un desordenado interior obviamente en obras de remodelación, en un edificio aparentemente abandonado. Nadie en la calle, solo ruido de pasos lejanos. Me asomo por la puerta y no veo ni oigo a nadie. Entro sigiloso mascando el aire como un sabueso. No hay muchas direcciones hacia donde dirigirse salvo la de subir por la desgastada escalera de caracol de piedra, escarpada, que sube hasta el segundo y último piso, quién sabe si en riesgo de derrumbe o no. Da igual, hay que subir, sobre todo si es ilegal. Sobre todo porque es ilegal. Y lo ilegal suele guardar escondidos los mejores momentos, como ya dije, secretos que no han de ser encontrados pero que precisamente por eso son tan deseados.

20131203-105625.jpg
Vista de varios “badgirs” en Yazd

No fue una excepción esta vez y, tras salir de una habitación del segundo piso que daba al patio interior de la casa, me encontré una estampa de película basada en oriente medio, la típica película donde se ve una infinita ciudad de adobe amarillenta y marrón, barro levantado para conformar edificios, desparramados estos de cualquiera manera, la mitad en escombros, perfilándose en multitud de alturas, rodeados de cúpulas azúles y altos minaretes de mezquitas repartidos por doquier. En las películas irían acompañados de milicianos de Al-Qaeda armados con lanzacohetes RPG en los tejados, pero en mi caso no había más persona visible que yo mismo.

Abajo, un patio de otra película, de “Las mil y una noches” esta vez, que con sus desarrapadas casas en derredor dejaba claro que allí nadie vivía desde hacía décadas. Sin ninguna prisa, deleitándome ante esta postal de ciudad milenaria del desierto en su máxima autenticidad, subí aún más, por otras escaleras de vértigo, hasta la azotea superior, donde unas vistas inmejorables, inverosímiles, premiaron nuevamente mi atrevimiento.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s