Introspección

La introspección viajera causada por la ausencia de la cotidianeidad, de lo monótono, de las personas que te conocen y a diario te recuerdan quién eres y qué debes hacer. Abre una nueva ventana a ti mismo, mostrándote quien de verdad eres y quieres ser. Desvela las causas que te mueven y te movieron, encontrando lúcidas razones a inexplicables hechos acontecidos en el pasado, viéndolo todo de forma más clara, tras recapacitar en el silencio reflexivo de un estado sin prisas ni obligaciones. Dialogando contigo mismo, con calma, con la paciencia de un padre bondadoso que intenta hacer ver a su impaciente e inexperto hijo la realidad de la vida y las mejores maneras de abordar lo desconocido: el indómito mundo de la vida real, fuera de convencionalismos y miedos, con una visión forjada por las experiencias. Y por la facilidad de palabra que otorga el ver la vida de otro individuo en una perspectiva diferente a la que la ve éste, ausente de prejuicios, con la claridad aportada por unos nuevos ojos. Se alcanza así una calidad en los consejos, que solo puede ser ofrecida por aquel que no está cegado por la implicación personal en el dilema. Qúe fácil es aconsejar a otros pero qué difícil seguir nuestros propios consejos.

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Mezquita Nasir al-Mulk, Shiraz, Irán

Así, se desentierran historias acaecidas a lo largo de la vida propia, recuerdos pretéritos olvidados en un esfuerzo por seguir adelante, olvidándose de lo incomprensible o de lo que, directamente, no se quiere comprender. De este modo salen a la luz actitudes, acciones o personas largamente olvidadas tiempo atrás, por una mente humana que subconscientemente entierra lo que no interesa. Siguiendo adelante como un burro con la periferia de la visión obstruída para ver únicamente lo que tiene delante, estrecho margen de realidad que oculta los pavores del mundo que nos rodea, y transforma el camino en algo más sencillo de ser traspuesto.

Viajando he sido sorprendido por recuerdos aleatorios que, sin aparente resorte más que la propia paz interior, han saltado impertinentes a mi consciencia. Algunos simples anécdotas, otros quizá cuentas pendientes de ser saldadas conmigo mismo. Aguardaban pacientemente el momento adecuado para salir a la palestra y ser expuestas en busca de solución, con el ansia de que se dictara una sentencia irrevocable tras la cual poder ser archivados, como algo dichosamente finiquitado.

De entre ellos, quizá los más difíciles de desentrañar son los que recuerdan las propias actitudes reprobables, momentos en los que por exceso de egoismo, falta de madurez, de paciencia, de bondad o de sabiduría, se trató de manera injusta a alguien que no lo merecía. No es un acto inútil ni masoquista, puesto que al ser recuerdos ahora lejanos, a miles de kilómetros del desierto iraní o de las montañas de Tajikistán, no hieren, no huelen, no saben, solo son analizados como el forense que destripa el cadáver de un desconocido por el que no siente más que respeto. Así vistos, pueden ser comparados con las actitudes actuales, contastando las divergencias surgidas a lo largo de los años, cincelando la consciencia para esculpir progresivas enmiendas.

Los más tristes tienen relación con las decisiones que no dañaron a otro salvo a uno mismo. Días de amargura que pudieron ser evitados por lo que ahora parecen obvias decisiones, pero que por extrañas circunstancias de la vida no se dieron ni se pensaron en su momento. O faltaron las fuerzas para llevarlas a cabo. Siendo nuevamente tratadas con la circunspección del que observa la vida de otro, se tropieza inadvertidamente con las verdaderas razones que llevaron a tales desastres. Se ven los errores propios con una luz diferente, inimaginable hasta ese mismísimo instante, que arroja una sorpresa mayuscula por su magnitud y su imprevisibilidad. Asimilándose la experiencia al que vive un acto de fe, creyendo oir las palabras divinas resonando en su cráneo como algo milagroso. Una experiencia mística que transforma tristes o frustrantes recuerdos en herramientas de conocimiento, en lecciones aprendidas en lugar de fracasos desterrados de la consciencia. Permitiendo hacer las paces con uno mismo y soltar un lastre inútil transformándolo en una balsa sobre la que navegar los mares.

Mares que tarde o temprano traerán nuevas tempestades, porque es su naturaleza y así deben comportarse.

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2 pensamientos en “Introspección”

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