Ahora es el momento

Me acabo de mirar en el espejo, fijándome en los detalles, gesticulando ante mi propia cara, percatándome de cómo aparecían arrugas que antes no estaban ahí. Han venido para quedarse, al igual que la multitud de canas que, de nuevo fijándome con atención, he descubierto en mi barba y mi cabellera, multiplicándose sin pausa.

Mis rodillas, con su funcionalidad articular en pie de guerra desde años atrás, con un par de lesiones y una cirugía mediante, se quejan durante días y días tras someterlas a cualquier exigencia. Algo similar le ocurren a los pies, necesitados de plantillas especiales para contener unos huesos descarriados. Nada serio, en cualquier caso.

Esos pequeños detalles aparentemente sin importancia a día de hoy, respaldan mi interés en afrontar la vida ahora, en tiempo presente. Las dilaciones, el postergar los planes para años por venir, son falacias cimentadas en una falsa sensación de que las oportunidades estarán ahí eternamente. Cuando somos jóvenes no somos demasiado conscientes del paso del tiempo, creemos que todo es factible de ser solucionado en tiempo futuro. Pero no siempre es así, y en todo caso hay cosas que no se hacen igual con 20 que con 30, con 30 que con 40, ni con 40 que con 50.

Las posibilidades que hoy tienes, mañana, de repente, pueden desaparecer; las libertades aumentan o disminuyen junto con las responsabilidades; los intereses también mutan, y las preferencias; por supuesto, como ya sabemos, la situación económica, tanto global como personal, puede dar un tumbo sin aviso previo. Los miedos se incrementan, los países cambian, y, bueno, también sobrevienen catástrofes. Cada vez más frecuentes gracias al cambio climático. Hay lugares, como Iraq, Siria, Tibet, Afganistán, incluso China, que ya no volverán a ser nunca lo que fueron. Las cosas, exactamente igual que están hoy, no volverán a estar mañana. Para empezar, porque tú no serás la misma persona mañana.

No es ser catastrofista, es que los años no pasen en balde, para nadie. Yo, por si acaso, me pongo las pilas ahora, con 30 años ya no está uno como con 20, y el cansancio se nota cuando se carga la mochila durante un buen rato. Será la escoliosis. Igualmente se deja notar cuando uno se va de discotecas de madrugada. En cualquier caso, lo que ocurrirá el día de mañana nadie lo sabe, y si hoy se tiene la fortuna de poder cumplir un sueño, lo mejor es tirarse a él. Sin fabricar excusas auto complacientes.

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