Derecho a la Resistencia

Este Jueves se vota en el Congreso la Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como “Ley Mordaza”. El pasado mes de febrero nos frotábamos los ojos ante la advertencia de las Naciones Unidas al Gobierno de España por su Ley de Seguridad Ciudadana -“ley mordaza”-, que es acusada por la organización de limitar y amenazar Derechos Humanos fundamentales como el de reunión o el de expresión tanto individual como colectiva de la libertad de opinión y expresión[i].

           Me quedó la sensación de que la sociedad española se mostró adormecida ante la gravedad de las acusaciones, que eran de esas que deberían provocar la salida multitudinaria e inmediata de los ciudadanos a las calles. Según los expertos de la ONU para los Derechos Humanos, la redacción de esta ley deja la puerta abierta a criminalizar a quien convoque manifestaciones pacíficas, disuadiendo a los ciudadanos de manifestarse pacíficamente, limitando marcadamente el derecho de reunión.

            En ese triste momento me acudió a la mente el conocido como derecho a la rebelión o derecho a la resistencia. Éste podría definirse como el derecho de los individuos y las sociedades a oponerse a un gobierno ilegítimo o, aún legítimo, que se haya corrompido en sus funciones y se haya desviado del camino recto, socavando los derechos de los ciudadanos y convirtiéndose en ilegítimo. Éstos, por ende, tendrán el derecho de oponerse ante tal opresión por todos los medios legítimos a su alcance, derrocando al poder preestablecido y conformando otro legítimo.

Desarrollo del Derecho a la Resistencia

            Surge este derecho como respuesta inmediata ante el riesgo de pérdida de cualquiera del resto de Derechos Humanos. Se trataría, pues, de un derecho cuya evolución viene dada a colación de la creación del resto, atreviéndome a afirmar que todos y cada uno de los Derechos Humanos conforman las raíces de las que nace este derecho a la resistencia.

            Expondré un ejemplo del desarrollo en cascada que da a luz a este Derecho Humano a la Resistencia. Podríamos partir del derecho a la libertad religiosa e imaginar que nuestro gobierno limitara esa libertad por medio de una ley o la represión policial. Inmediatamente, y tratando siempre de argumentar nuestra respuesta con argumentos asentados en los Derechos Humanos, podríamos alegar que entraría en juego el derecho a la justicia, que nos permitiría acudir a tribunales independientes para solventar la disputa. Si contra argumentáramos que, en este caso hipotético, los tribunales no son independientes, podríamos echar mano al derecho de asociación pacífica y al derecho de libre expresión, que usaríamos para protestar por tales medidas de forma pública. Pero, por último, si esto tampoco fuese permitido por el gobierno, terminaríamos abogando por un último recurso: el derecho a la rebelión. Nace, así, a consecuencia del incumplimiento de una cadena de derechos dada, mas no directamente.

            Como explicaré a continuación, se trata de un Derecho Humano que ha sido reflejado en multitud de documentos, incluida la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, aunque no siempre de forma explícita.

Un derecho aún por conocer

            Se trata aún de un derecho a conocer, aunque ya fuese alimentado desde antiguo por pensadores como Platón, Santo Tomás de Aquino, Hobbes[ii] o Locke: “siempre que los legisladores tratan de arrebatar y destruir la propiedad del pueblo, o intentan reducir al pueblo a la esclavitud bajo un poder arbitrario, están poniéndose a sí mismos en un estado de guerra con el pueblo, el cual, por eso mismo, queda absuelto de prestar obediencia, y libre para acogerse al único refugio que Dios ha procurado a todos los hombres frente a la fuerza y la violencia“.[iii]

            Las palabras de Locke salieron a la luz en el año 1689, lo cual nos ofrece una idea de cuán presente ha estado este derecho en la sociedad occidental. Tanto, que ya se incluía en la primera positivización de los Derechos Humanos moderna de la historia. Hablo de la Declaración de Derechos de Virginia, de 1776, en la que su artículo 3 dictamina: “Que el gobierno es, o debiera ser, instituido para el bien común, la protección y seguridad del pueblo, nación o comunidad; de todos los modos y formas de gobierno, el mejor es el capaz de producir el máximo grado de felicidad y seguridad, y es el más eficazmente protegido contra el peligro de la mala administración; y que cuando cualquier gobierno sea considerado inadecuado, o contrario a estos propósitos, una mayoría de la comunidad tiene el derecho indudable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, de la manera que más satisfaga el bien común”.[iv]

            Este documento fue el antecedente directo de la famosa Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789, surgida durante la Revolución Francesa, y que marcaría un antes y un después. Ésta, en su artículo 2 declara: “La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión“.[v]

            Sin embargo, este derecho pasa a ser mencionado solo implícitamente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, de 1948, que en su preámbulo, y antes de entrar en la materia de los derechos en sí, deja entrever la importancia de este derecho: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;”.[vi]

            Al no ser establecido como un derecho propiamente dicho, la recientemente propuesta Declaración Universal de Derechos Humanos Emergentes la incluye como una de sus propuestas de derechos explícitos a incluir en el futuro. Así, en su artículo 9, del derecho a la democracia garantista, el punto 5 proclama: El derecho a la resistencia, que implica que toda comunidad o pueblo en lucha contra una opresión de orden militar, político, económico o cultural, tiene derecho a resistir dicha opresión por todos los medios legítimos a su alcance y a buscar y recibir en esta lucha un apoyo internacional conforme a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas”.[vii]

Acercando el Derecho a la Resistencia a la sociedad

            Ante la pérdida de derechos o, mejor dicho, el avasallamiento sistemático de éstos incluso en países democráticos, es fundamental crear una conciencia de resistencia ante la injusticia. Proteger legalmente y promover esta lucha contra la opresión injustificada, en lugar de imbuir miedo ante la idea de reivindicación activa y la manifestación de la libertad de expresión, tal y como pretende la ya condenada internacionalmente “ley mordaza”.

            Para que esta visión positiva del Derecho a la Resistencia se haga realidad es esencial la educación, acercar este derecho a todos los ciudadanos mostrándoles que no se trata de algo ilegal, violento o insensato, sino un derecho garante de la paz, la estabilidad social y, por ende, la felicidad. Así, se ha de cambiar la percepción de que la resistencia ha de ser necesariamente armada, concienciando sobre la vertiente noviolenta de la misma, alimentada por la alegría y el humor. En un artículo sobre Tzvetan Todorov publicado en El País titulado y llamado “Los valores de la resistencia”[viii], se reproducen las sabias palabras de una célebre miembro de la resistencia francesa, Germaine Tillion, que afirmaba que la resistencia además de física ha de ser intelectual e “inevitablemente orientada hacia la acción”. Es de una importancia radical que los ciudadanos ejerzamos la democracia activa y luchemos por nuestros intereses, en lugar de aplazar nuestra responsabilidad democrática a la mera votación cada cuatro años.

            La resistencia ha de ser, por otro lado, dirigida siempre en pos de la justicia y la verdad, ajena a los partidismos o los deseos de poder, aunque eso suponga tener que enfrentarse en un momento dado a los que minutos antes estaban en tu propio bando. Por tanto, la validez y efectividad de este derecho se fundamenta en la responsabilidad ética de cada individuo, la cual ha de ser alimentada desde todas las instancias. La complejidad del ser humano y sus sociedades hacen que el derecho a la resistencia sea, además de un deber ciudadano, una labor inacabable.

[i] El Huffington Post/Agencias, (2015). La ONU urge a España a retirar la ‘ley mordaza’ y la reforma del código penal. 5/3/2015. Sitio web: http://www.huffingtonpost.es/2015/02/23/onu-ley-mordaza-codigo-penal_n_6736032.html

[ii]  Negro, D., (1992). Derecho de Resistencia y Tiranía. 19/12/2014, de Universidad Complutense. Sitio web: http://www.arbil.org/tirania.pdf

[iii]  Locke, J. (1689), Segundo tratado sobre el gobierno civil. Capítulo XIX.

[iv]  Declaración de los Derechos de Virginia (1776). 19/12/2014. Sitio web:  http://es.wikisource.org/wiki/Declaraci%C3%B3n_de_Derechos_de_Virginia_(1776)

[v]  Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789). 19/12/2014. Sitio web:  http://www.fmmeducacion.com.ar/Historia/Documentoshist/1789derechos.htm

[vi]  Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). 19/12/2014, en Organización de Naciones Unidas. Sitio web: http://www.un.org/es/documents/udhr/

[vii]  Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes (2009). 19/12/2014, de Instituto de DD.HH. de Cataluña. Sitio web: http://www.idhc.org/cat/documents/Biblio/DUDHE.pdf

[viii]  Todorov, T., 2014. Los valores de la resistencia. 19/12/2014, de El País. Sitio web: http://elpais.com/elpais/2014/03/14/opinion/1394822340_531260.html

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