Guatemala se levanta

Dicen los que conocen la historia de Guatemala que desde 1944 no se unían los diferentes grupos sociales para luchar unidos, pacíficamente, en pos de la democracia. Mi visita a Guatemala coincidió azarosamente con un momento histórico de los que cambian la realidad de los países, de los que los “patojos”, como llaman aquí a los niños, estudiarán en los libros de historia en el futuro próximo.

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El gobierno corrupto de Otto Pérez se aproxima a su fin gracias a la intervención de una comisión de Naciones Unidas que pretende establecer el orden en Guatemala y que, afortunadamente y al contrario que en otras actuaciones del organismo internacional, esta vez está pareciendo funcionar. Varios altos cargos han sido puestos entre rejas o procesados por la descomunal red de corrupción que estaba socavando la propia economía del país, y los ciudadanos piden al mismo tiempo la dimisión del presidente.

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Los indígenas también se manifestaban

El 27 de agosto, pocos días antes de las elecciones programadas para el 6 de septiembre, aproximadamente cien mil ciudadanos guatemaltecos salieron de manera organizada a la calle presionando al presidente. La manifestación transcurrió por diferentes circuitos y con diferentes grupos sociales, como comunidades indígenas o la comunidad universitaria, a la cual yo me uní. Esta última recorrió los 10 kilómetros que van desde la Universidad San Carlos de Guatemala, institución que es el considerada el corazón revolucionario del país, hasta el amplio parque donde se encuentra el Palacio Nacional de la Cultura, emblema de la ciudad.

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Cámara en mano avancé desde la parte final de la interminable columna estudiantil, capturando la alegría festiva de los miles de estudiantes envueltos en banderas de su país. Portaban en su mayoría carteles lanzando mensajes al mundo, cartulinas rotuladas que mostraban con orgullo, en alto, sin importar que no hubiera nadie que en ese momento las estuviese leyendo. Su fe en estar cambiando el presente era tan grande que el desánimo o el pesimismo no tenían cabida entre sus filas. Organizados por facultades, los estudiantes caminaban tras grandes pancartas que expresaban frases lapidarias contra el presidente y la clase política.

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El jolgorio era de día festivo, con ambiente de celebración, la gente coreando consignas y haciendo sonar vuvuzelas y silbatos, caras sonrientes y alegría desmedida. La sociedad guatemalteca, de normal ensimismada en su mundo paranoico de violencia e inseguridad ciudadana, salía a la calle tranquila, feliz, sin miedo. El 30 de agosto, la gente paseaba por las calles sin miedo. En un día normal hubiera sido imposible sacar a pasear las cámaras fotográficas y tomar fotografías a las personas que por allí paseaban, pero en este día los guatemaltecos se mostraban confiados ante la cámara, deseosos de ser retratados en en su breve minuto de gloria dentro de la historia nacional.

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No solo estudiantes desfilaban en la manifestación que partió de la USAC, también sus familiares, con niños y ancianos por igual, les acompañaban en la caminata. A lo largo de las interminables avenidas que se dirigían hacia el norte de la ciudad, los ciudadanos se asomaban a las terrazas con aplausos o colgaban carteles de sus ventanas; los trabajadores de las tiendas salían a la calle a animar a los manifestantes con mensajes escritos sobre cartones, les aplaudían y les sonreían; los conductores de automóviles o motocicletas pasaban por el carril contrario, en ocasiones abierto reducidamente al tráfico, haciendo sonar su bocina en señal de ánimo; los pasajeros de los autobuses pasaban ondeando banderas de Guatemala por las ventanas, y así contribuían entre todos a potenciar el sentimiento de hito que aquella jornada desprendía.

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No todo fue, sin embargo, absolutamente pacífico. Algunos manifestantes portaban carteles ciertamente insultantes, de los que mentan a la madre y desean cosas poco loables, dirigidos a la clase política guatemalteca. Otros utilizaban palos para golpear las caras de los políticos que aparecen en los carteles de propaganda electoral que abarrotan estos días las calles de la capital, cada farola, cada valla publicitaria, cada señal de tráfico. En ocasiones algunos ciudadanos escalaban hasta alcanzar esos carteles y los arrancaban con violencia -estaban realmente bien sujetos- para arrojarlos al suelo entre los vítores de los viandantes. Otros estudiantes, principalmente los de la Facultad de Economía, famosa por su radicalismo, arrojaban petardos de gran potencia en túneles o calles abarrotadas, causando más de un susto y dolor de oídos entre las personas que se manifestaban tranquilamente. En ocasiones, ante la impaciencia de algunos conductores de coches que llevarían horas intentando cruzar alguna calle por la que transcurría la protesta, estos estudiantes golpearon los coches que intentaban pasar al encontrar un espacio libre.

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Por lo demás, la organización fue magnífica. Vehículos acompañaban la manifestación con preparos para lo que fuese necesario. Los líderes portaban megáfonos con los que lanzaban las consignas repetidas por los seguidores, la línea de miles de personas avanzaban tranquila y pausadamente a lo largo de las avenidas. Hasta llegar al Parque Centenario frente al Palacio Nacional.

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Allí la fiesta llegaba a su culmen, con miles de personas reunidas frente al Palacio y la Catedral, con las cámaras de televisión transmitiendo su proeza democrática. Los puestos de comida que generalmente ocupan la plaza trabajaban sin cesar para alimentar al gentío, y muchos observadores curiosos rodeaban la plaza en su perímetro y se adentraban en la muchedumbre de manifestantes para compartir el sentimiento de euforia y alegría. En estas fechas, los guatemaltecos se sienten orgullosos de serlo, más optimistas que de costumbre y con la esperanza de que el país podrá ir finalmente a mejor. Yo también me siento orgulloso de ellos, y muy feliz de haber vivido estos de lucha y participación democrática.

Aunque Otto Pérez se resistió a dimitir, la manifestación fue, sin duda, un éxito democrático que en días posteriores trajo consigo la revocación de la inmunidad del presidente por parte del congreso. Ante la pérdida de apoyo entre sus propias filas y una orden de detención hacia su persona, el 3 de septiembre el presidente dimitió. Parece claro que será procesado por sus conexiones con la red de corrupción, lo cual es un éxito traído de la mano de las decenas de manifestaciones ciudadanas realizadas cada sábado desde el mes de abril, siendo la del día 27 la más numerosa y la que quedará grabada en el recuerdo de los participantes y en la Historia de Guatemala. Los próximos gobernantes que lleguen al país, ya saben a lo que atenerse.

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2 pensamientos en “Guatemala se levanta”

  1. Hola, te llevo siguiendo un tiempo y te quería pedir que pusieses las fotos en un mayor tamaño si es posible o que al pincharlas se ampliaran automáticamente. Saludos.

    1. hola Cristian, muchas gracias por seguirme ante todo. Esto que me comentas es algo que me planteé hace unos meses, el subir las fotos con más resolución y permitir que se pueda pinchar en ellas. El problema es que en estos momentos me encuentro en Guatemala y no tengo medios para ponerle la marca de agua a las fotografías, por lo que si permito que se amplien me arriesgo a verlas “robadas”. Cuando regrese a España trabajaré en ello, pero gracias por tus comentarios, me reafirman en mis ideas 😉

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