Archivo de la categoría: Kirguistán

Un país entre montañas

“Abandonar Sary Tash hacia el Sur es experimentar la progresiva transformación de las vastas y desoladoras llanuras del Alay Valley, en una muralla dentada de picos blancos sobre la que descansa una de las líneas fronterizas más inaccesibles del mundo. Subiendo por una de las carreteras más sobrecogedoras e inabordables que haya visto en mi vida, pasamos el control de frontera kirguís y, tras recorrer los varios kilómetros de tierra de nadie, superamos el Paso Kyzyl-Art a 4.282 metros de altura…”. Seguir leyendo Un país entre montañas

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Hacia Osh en familia

“Yo estaba sudando de calor, pues el sol apretaba con energía, pero quién iba a ser el guapo de llevarle la contraria a tal respetable y poderosa señora. Por dos veces me impelió a abrigarme, y yo ya no me atreví a quitarme el forro polar hasta que horas después la observé desprenderse de su abrigo de leopardo…”. Seguir leyendo Hacia Osh en familia

Viviendo Kirguistán, Lago Song Kol

“Entonces me di cuenta de la escasez de recursos y la pobre dieta a la que debía ceñirse, aquella familia, en las altitudes de aquel remoto lugar. Huelga decir que no había electricidad ni cuarto de baño, que el agua estaba helada y que el supermercado más cercano andaría a muchas decenas de kilómetros”. Seguir leyendo Viviendo Kirguistán, Lago Song Kol

Los Autos Locos de Kirguistán

“De otro modo nos habríamos matado en la primera curva tomada a aquellas velocidades. Lo peor, sin duda, fue la manera de conducir de ese energúmeno, que se reía como un poseso y vivía cada metro de carretera al límite, sin mesura, recordándome al personaje Dean Moriarty del libro On the Road”.

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El ogro de Irkeshtam

“Era la personificación de la violencia, aquel bárbaro. Me lo imaginé en uniforme militar haciendo las veces de genocida, mascullando palabras de odio visceral mientras escupía su rabia y descerrajaba tiros a bocajarro” Seguir leyendo El ogro de Irkeshtam

Un nuevo camino

Mañana emprendo una nueva travesía de mi vida. Planeo viajar durante unos cuantos meses, visitando lugares cuyo nombre apenas puedo pronunciar, y países que hace unas semanas ni siquiera podía situar en un mapa. Ahora el sentimiento de partir me atrapa. Es una sensación similar a estar perdiendo algo, pues todo lo que hasta hoy era mi vida, mañana solo será el pasado, que quedará zanjado para siempre en una tierra donde viví una de las etapas más importantes de mi camino vital.

Siempre me ahogan estos sentimientos cuando viajo: felicidad y emoción cuando llego, pena cuando me marcho. Pero así es la misma vida, en una sucesión permanente de nuevas cosas que vienen mientras las viejas les dejan hueco.

Hoy estoy triste, pero con la confianza de que mañana solo estaré entusiasmado.